sábado, 14 de diciembre de 2013

BARRANCO LA PORTIACHA

El día 14 de diciembre despedimos los barrancos del 2013 con un bonito descenso en Guara, el mítico Portiacha, que, aunque corto, siempre deja buen sabor de boca por su exuberante belleza.

Este afluente de la cabecera del río Vero tiene cuatro rápeles, dos de ellos largos, volados y muy espectaculares.



Para estirar un poco más la jornada, puesto que aún no habíamos hecho ni hambre, subimos por el pintoresco “Camino de las escaleretas”, visitando así los Covachos de Gallinero, con pinturas rupestres de arte esquemático del 4000 a.C, y también la enorme Cueva Superior de Lecina. 

Para terminar, y ahora sí, con hambre, celebramos el fin de temporada con una buena comida en el bar de Colungo.



viernes, 6 de diciembre de 2013

Marcha Solidaria

Este año el CMM colaboró con el Desafío Solidario organizado por la Concejalía de Deportes llevando a cabo una marcha soliadaria. Una veintena de personas se congregaron en la Plaza Mayor a las 10h, cada uno colaboraba con una "inscripción" en forma de alimentos para donar cuando termine esta iniciativa que durará todo el mes de diciembre. 


Socios del CMM, amigos, vecinos de Monzón... un variado grupo que a pesar del mal tiempo, la niebla no dejo ver el sol, realizo un recorrido por el paseo del Rio Sosa, hasta la variante por el camino de la Almunia de San Juan que discurre por la Valleta de Tamarite, cruzando el río bajo el viaducto y volviendo por el Camino de Altorricón hasta la Plaza Mayor por la Calle Joaquín Costa. Un recorrido sencillo que permitió un ambiente distendido y una buena jornada de convivencia por una buena causa.


domingo, 1 de diciembre de 2013

Vuelta a los Mallos de Agüero

Casi todo el mundo conoce los Mallos de Riglos, que además de ser un lugar de referencia para escaladores y paisajistas tienen recientemente un protagonismo especial en un anuncio de televisión. El Club Montisonense ha organizado este domingo una excursión cerca de allí, a otros mallos menos visitados pero también preciosos, están junto a la población de Agüero.


 Un total de catorce senderistas viajamos hasta Murillo de Gállego, en la carretera que va de Huesca hacia Pamplona. Es un buen lugar para dejar los coches, también al ser punto de paso existen numerosas instalaciones de servicios así que tomamos un café allí mismo. Como afuera soplaba un viento helador nos abrigamos bien y tomamos el sendero GR-1 cuya trazada es en parte compartida por el sendero Natural de la Hoya de Huesca;  las calles de este bonito pueblo están muy arregladas y sus casas conservan todo el esplendor del pasado al estar muchas de ellas construidas en piedra, lo que permite disfrutar de cada detalle constructivo.  Cuando salimos del núcleo urbano veremos que la senda está muy limpia y bien señalizada, pasando enseguida por la fuente Vieja que abastecía al pueblo en la antigüedad.

Continuamos por el camino medieval empedrado bordeando campos de olivos y almendros sin perder de vista las montañas más cercanas e imponentes, los Mallos de Riglos y la Peña Rueba. Hacemos un par de paradas, la primera a comer madroños maduros y sabrosos, la segunda bajo a una enorme carrasca donde no podremos evitar hacer alguna foto, como también ocurrirá acto seguido cuando a las puertas de Agüero contemplamos desde un alto todo el pueblo y a su lado esas impresionantes moles de conglomerado que son los famosos Mallos. Sin ser excesivamente altos, sí tienen un encanto especial por su silueta, que seduce a todo el grupo e invita a entrar en el pueblo a toda prisa. ¡Que poder de atracción ejercen! Pero aún más lo harán las calles de este punto de destino tan bello como el que visitamos antes ó más. Agüero es un pueblo precioso, exquisito diría yo, no dejamos de mirar las puertas de las casas cada una con su nombre, sus porticadas, la magnífica iglesia parroquial y sus gentes aún más agradables.


La casualidad quiso que habláramos con el Teniente de Alcalde, quien nos ofreció visitar el Museo del Órgano, pero antes teníamos que dar la vuelta a los Mallos por un sendero que no ofrece apenas dificultad. Tranquilamente rodeamos la montaña mirando hacia arriba de estas y otras verticales peñas sobrevoladas por los buitres, que tienen en sus recovecos numerosísimas nidadas, siendo una excepcional reserva de estas rapaces. El viento ya hace mucho que no sopla, en cambio el sol resplandece haciendo el mediodía cálido y agradable. 

Tal como habíamos quedado, de regreso hicimos una visita cultural al museo que nos dejó muy sorprendidos, tanto por la cantidad de objetos y reliquias como por las explicaciones del improvisado guía quien atendió todas nuestras preguntas. Según nos cuentan, el párroco (recientemente fallecido) se dedicaba a reparar órganos, de ahí la acumulación de piezas que permitieron hacer el museo. Además, varios vecinos nos acompañaron a ver la Iglesia románica de Santiago, del siglo XII, situada en un alto a un par de quilómetros de Agüero, que fue proyecto de monasterio dependiente de San Juan de la Peña.  A pesar de que no llegó a concluirse, esta obra está catalogada como Monumento Nacional. Cualquiera que venga a Agüero no puede perderse esta obra de arte tan grande como bien conservada, pues la cantidad de detalles que la adornan la hacen ser toda una referencia del románico.


Nos despedimos de estas gentes tan amables, ¡qué bien nos trataron! y retomamos nuestra andada entre pinares hacia el camino de Murillo, donde finalizamos nuestro particular recorrido, como siempre con buen humor y la sensación de haber estado en un lugar realmente bello y provechoso.

Nos despedimos por poco tiempo, pues el próximo 15 de diciembre haremos la tradicional subida del belén montañero al pico Buñero, y la no menos importante comida en la Ermita de La Carrodilla de todos los socios del Club. ¡Nos vemos!

sábado, 30 de noviembre de 2013

UN AÑITO MÁS

Ya ha terminado esta intensa semana de preparativos y emociones. Hemos disfrutado de las fotos y vídeos de este año que las secciones han preparado para las proyecciones, hemos podido acompañar, aunque sea desde el asiento del auditorio, a Raúl Martinez y Carlos Pauner en su viaje al Everest, hemos disfrutado de la cena y de la compañía de aquellos que pudieron asistir...  y esperamos seguir disfrutando de momentos así durante mucho más tiempo.

Muchas gracias a amigos, socios, colaboradores, responsables de las diferentes secciones y junta, a aquellos que dedicáis vuestro tiempo para que este deporte llegue a muchos más cada día y de una forma segura. Muchas gracias a aquellos que habéis hecho posible esta semana, a los que habéis hecho posible este año y a todos los que habéis hecho posible que el Club Montisonense de Montaña cumpla cinco años.

Marcos Castel
Presidente del CMM



 FOTOS SEMANA

domingo, 17 de noviembre de 2013

Circular al Congosto del Ventamillo

Esta semana las noticias de nevadas y lluvias persistentes se hacían oir a todas horas y en todos los partes meteorológicos, por eso la mayoría de Clubs de Montañismo suspendían sus planes. Es difícil expresar lo que se siente cuando se ha preparado a conciencia una actividad para los socios y ves cómo a todo el mundo le entran dudas. El Club Montisonense organizaba una ruta muy especial, pero a la hora de partir de Monzón llovía sin cesar presagiando una muy mala jornada, a pesar de ello subimos a los coches y nos agarramos a la fortuna por si acaso esto cambiaba. 



Hicimos una larga paradita en el camino a tomar un café, como esperando que amainara, pero por las ventanas de la cafetería sólo se veía caer gotas de agua sobre las encharcadas calles, ¡el aguazón estaba asegurado!. Así que no se puede decir que nuestra llegada a Seira fuese nada triunfal ni animada, pues las caras eran bastante largas.

Empujados por la tozudez más maña imaginable calzamos las botas en nuestros pies y, tomando por inseparable compañero el paraguas y el impermeable o capa, comenzamos a andar cruzando el puente sobre el río Ésera y dirigiendo nuestros pasos hacia Seira el Viejo. Nuestro objetivo, realizar una ruta en la que ascenderíamos bordeando el cañón excavado a lo largo de siglos por las bravas aguas del río Ésera hasta llegar a El Run, cruzar el río por su puente y de nuevo regresar por la margen contraria por una serie de fajas colgadas del acantilado y ver desde arriba el estrechísimo congosto. 



Éramos diez los valientes que pacientemente avanzábamos sobre el encharcado sendero sin pararnos a pensar lo más mínimo en las dificultades que pudieran surgir. Confiados en nuestras fuerzas y en la experiencia, pronto nos daríamos cuenta que caminar bajo la lluvia tiene algo de melancólico pero mucho más de exquisitez, pues las plantas mojadas y las montañas envueltas por las nubes parecían dar más “ambiente”.

La primera parte del recorrido es un camino y senda que sube poco a poco y que no ofrece ninguna dificultad técnica. Atravesamos el núcleo curioso de Seira el Viejo, sin necesidad de utilizar los bastones que desde el principio fueron sustituidos por el mango del paraguas, envueltos por la neblina mientras arreciaba la lluvia para que no nos quedase ninguna duda que habría que ser valientes de principio a fin. 

Minuto tras minuto, kilómetro a kilómetro ganamos terreno a la montaña hasta rebasar la fuente de Escanarells en la que poco hubo que beber con la que caía, dejando de lado el mirador de la Peña del Sol ya que no íbamos a ver nada desde allí. Era hora de bajar por un sendero lleno de hojarasca entre los robledales, un precioso y blandito trazado que en pocos minutos nos condujo al fondo del valle. ¡Oh! Precisamente entonces unos rayos de sol asomaron entre la niebla y, como bendiciendo nuestro esfuerzo, nos regalaron unas bellas imágenes del valle y las nubes pululando entre las montañas. ¡Que exquisitez!



Junto a la misma senda está la Ermita de la Virgen de Gracia, de estilo lombardo y que es una auténtica joya constructiva. Aprovechamos este bello y escondido rincón para hacer la foto de grupo, ya que había parado de llover; a pocos metros está el pequeño núcleo de El Run, donde repusimos brevemente energías sin permitir que el frio se apoderase de nuestras piernas, así que continuamos la andada cambiando de margen del río. 

Al tiempo que regresamos al punto de partida, en esta margen podremos disfrutar de más diversidad de plantas, de una senda aún más exquisita y de unas panorámicas más amplias. La parte alta del cañón está nevada, recordándonos que el invierno está a punto de apoderarse del valle; ha dejado de llover, la alegría brota por sí sola y ahora sí, desde luego que nos alegramos mucho de no habernos rendido ante la adversidad. Caminamos bajo los árboles por un sendero verde, un “túnel” de plantas de boj, la hiedra trepando por los pinos y los robles y el musgo sobre las rocas convirtiendo la montaña en un paseo verde y tierno.

El último trecho es una pista sin dificultad que serpentea ladera abajo en busca de nuestro destino final, Seira, al que llegamos en un total de seis horas de andada sin tener que otra cosa en la mente que lo que hemos disfrutado de este día tan colorido y otoñal. Seguro que nos servirá de ánimo para la próxima, el 1 de diciembre, a los Mallos de Agüero.